Hoy por la mañana como los últimos mágicos 10 días me levanté muy temprano para alistar a mi hijo a la escuela. Le preparé el desayuno, lo desperté, lo vestí y lo fui a dejar previa platica mañanera. Regresé y salí a hacer ejercicio.
Regresé después de 6 kms de caminata prepare y mientras subía las escaleras para meterme a bañar y empezar un día de trabajo, a media escalera escuché que se iba el camión de la basura. Con tanto ajetreo había olvidado sacar el bote. Así que baje corriendo u le grité al camión que ya daba la vuelta a la esquina. Muy amable uno de los señores regreso por el bote, sonriente le dí las gracias y le dije: Espera que la propina de hou te va a gustar, fui directo a la alacena y saqué una botella de whisky casi nueva. Esa que compré hace una semana y que ayer decidí no me la tomaría.
El señor de unos 35 o 40 años de me quedó viendo con una cara que no sé si atino a descifrar. En silencio me dijo con una mueca:
- Qué? esto es la fabulosa propina? No juegues, pensé sería ropa, un par de zapatos o ya de perdido 20 pesos...
Es entonces que me cayó el veinte
Pensaba de inicio, le va a gustar. Siempre para Navidad les regalo sidra, botellas de ron y se van muy contentos. Pero en este caso es diferente porque es whisky dije para mi. Un buen whisky, sin embargo no fue así. Es verdad que probablemente jamás haya tomado uno y es ahí donde empieza esta mini lección-recordatorio. Uno no extraña lo que no conoce... Mil veces he dicho y escrito esa frase...
Al señor le vale 3 hectáreas de camote tener un buen whisky para tomar porque sus prioridades son otras. Volvemos al principio. Cada cabeza es un mundo, todo depende del cristal con que se mira y mas importante:
Sigo aprendiendo a que no debo dar cosas que no me piden y en vez de eso escuchar, pensar y dilucidar bien que todo lo que decido dar sea algo que esa persona sea quien sea aprecie o tenga importancia para ella. Saber ser y estar no solo para la gente ajena a mi vida ya sea por trabajo o por circunstancias, ya sea para el señor de la basura, mi hijo, mis amigos y también tú.
En fin. Ya debo levantarme del trono (ese donde siempre me sorprendías al llamarme) y meterme a la regadera porque el día empieza a irse.
Donde quiera que estés y cuando leas esto, ya sabes... Aquí estoy.
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